El rechazo social que reciben las personas con Síndrome de Asperger por ser diferentes, les lleva a situaciones de aislamiento y soledad, y demasiadas veces a una realidad discriminatoria y de acoso especialmente en los entornos escolares. Esta situación de aislamiento en la que también nos encontramos las familias de los afectados, tiene que ver con la incomprensión de la sociedad y con el desconocimiento de la existencia de este trastorno. Las personas con síndrome de Asperger, viven, sin quererlo, en la soledad de su propio mundo, dentro de otro que les aparta y rechaza. Sufren la incomprensión más cruel, y , muchos se ven sumidos en cuadros depresivos muy severos por la dificultad que tienen de entender el entorno social en que todos nos movemos. Hablamos de personas que no entienden de las bromas, ni los dobles sentidos, no saben mentir, y a las que les cuesta enormemente organizar su día a día y sus proyectos de futuro, personas que pese a tener en algunos casos grandes capacidades, no saben como hacer uso de ellas de una forma pragmática y que les garantice su subsistencia mas allá de la pérdida de su única red social: la familia.
Existe, en nuestra actual sociedad, una dependencia real de estas personas para con sus familiares.
En educación , estas personas necesitan con urgencia, un esfuerzo de adaptación a sus necesidades concretas, una rápida reacción ante el diagnóstico, y una intervención e implicación de los profesionales.
Para ello es imprescindible, que los servicios de salud mental colaboren con familias y escuelas, manteniendo una fluidez en la comunicación. Y en ese mismo ámbito educativo, una intervención de orientación a quienes les rodean , para educar en la aceptación y respeto de las diferencias. Los apoyos extraordinarios que requieren estas personas sobrepasan en la gran mayoría de los casos , la capacidad económica de muchas familias.
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